Me la vivo en una lucha eterna entre mi voluntad y la Voluntad de
Dios. Creo que la oración más eficiente en mi caso sería: Por favor, Dios, haz
que mi voluntad sea la tuya. Y pienso que eso no tendría mucho mérito, porque
ahí no hay esfuerzo.
La batalla es cada segundo de distracción, cada transición de una
actividad a la otra especialmente cuando no estoy haciendo algo que
requiera largos períodos de concentración. Pero es la naturaleza de mi trabajo,
al menos hoy tengo que aceptarlo y hacerle frente con lo que tengo. Quisiera
ser muy virtuosa, para ganar cada vez que llegue la tentación. Quiero vencer
los pensamientos de vicio, de satisfacción inmediata: ver el teléfono, pensar
en comida que no me conviene, platicar de cualquier cosa un poco más de lo que debo...
en fin... cosas pequeñitas, pero como todo, se acumula y el resultado es
gigantesco.
¿Qué me dice Jesús sobre eso? viene a mi mente "El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que
cargue con su cruz y me siga." Y si, habla de un hábito de negarse a la inclinación humana de buscar
la satisfacción al corto plazo.
Un estudio del Dr. en psicología Walter Mischel (Test del Malvavisco), reveló la conexión que existe entre niños con más autocontrol y adultos exitosos. En este estudio se sometía a diferentes niños a elegir entre comer un sólo bombón o esperar unos minutos, teniendo en frente el dulce, y comerse dos. A los mismos niños los estudiaron años después, y resultó que los que esperaron más “eran cognitiva, social y académicamente más competentes”; incluso, tenían mejor índice de masa corporal.
En definitiva, la verdad es que saber esperar y de soportar la
pesada demora para comerse dos malvaviscos, en lugar de uno, te llevará también
a tomar mejores decisiones en tu vida. Hay una enorme diferencia entre una
persona que se deja arrastrar por su instinto humano y una que sabe que su vida
es muy valiosa para desperdiciarla, especialmente en las cosas pequeñas.
Como hijos de Dios, dignificados por la Sangre de Cristo, nuestra
vida vale muchísimo; no por nosotros mismos, pero por la vida de nuestro Señor.
Lo que significa que esa crucecita pequeñita que te vence cada día, a medida
que mantengamos la mirada puesta en el Señor, se irá haciendo más liviana, mucho
más ligera que la carga pesada de no lograr cumplir tu misión de vida.
Cierro con un plan de acción de 3 pasos que podemos incorporar hoy
a nuestra vida:
1.
Elige una cosa pequeñita que te cuesta cada día
(ejemplo: levantarte apenas suene el despertador)
2.
Haz un pequeño calendario y ponlo cerca del lugar
donde realizas normalmente la acción (del ejemplo anterior: en tu buró o mesita de noche)
3.
Cada vez que realices la acción correctamente, marca
tu calendario. ( ✔)
Con cariño,
Teofila Artilugia

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