Cómo
me intimida una hoja en blanco. La única forma de combatirlo es escribiendo o
pintando, así sean cosas feas. Y luego, surge la magia. Fluyen las ideas desde
el alma hasta el lienzo. Así con estas líneas inauguro este experimento, el de
crear y dejar huella de las buenas conversaciones que a veces tengo conmigo
misma.
Así que te presento a Elena, mi
nueva ahijada, la que me hace soñar con ser madre un día. O nuevamente,
supongo. En todo caso, Elena me hace preguntarme cuestiones existenciales.
¿Para qué estoy aquí? ¿Habrá otro lugar donde yo deba estar? ¿Estoy
aprovechando la vida que tengo? Todo me lleva a la misma respuesta: Dios, mi
autor y creador. El sabe todo de mí, y lo único lógico es pensar que quiere
decírmelo, o repetírmelo.
La cosa es que yo, y tu que lees
esto, tenemos una composición de dos partes indivisibles pero reconocibles: una
parte material (el cuerpo) y una espiritual (el alma). La experiencia tangible
es la más obvia y clara, y es la que nos transporta en la existencia del mundo.
La intangible es un poco más compleja, y desconocida si queremos. Pero basta
saber al menos que es real y que nos conecta con el Espíritu de Dios, Padre,
Creador y Salvador. Por esto es que la frase de "busca dentro de ti las
respuestas" es en parte verdad, pero no es porque yo misma sepa todo, sino
porque Dios, que está dentro de mi, me mueve a buscar
ser como El, para que un día vuelva a unirme perfectamente a El y finalmente estar completa. En definitiva, el anhelo de mi alma es Sólo Dios.
Llegando a este punto pienso que
puedo seguir escribiendo sobre la búsqueda de Dios, y de la invaluable
Revelación que Dios quiso darnos a lo largo de la historia de la humanidad
sobre quien es El, para así llegar a entender quienes somos, desde nuestra humilde
experiencia vital y sin pretender más que lo que Dios quiere de mi y de ti.
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