RESCATO UNA LÍNEA DEL POST ANTERIOR:
"Dios, que está dentro de mi, me mueve a buscar ser como El,
para que un día vuelva a unirme perfectamente a El y finalmente estar completa.
En definitiva, el anhelo de mi alma es Sólo Dios."
Esta afirmación me trae a la mente a uno de los mejores libros que
me he leído sobre hábitos, escrito por Stephen Covey, y específicamente me
refiero a uno de sus 7 hábitos: Comenzar con el fin en mente. Y lo
relaciono porque Dios es el comienzo y el fin de nuestras vidas. Y tantas veces
le damos mil vueltas al asunto existencial, y está bastante claro. Como
hábito debemos empezar con Dios en mente. Y dejando la teoría de un lado,
llevar esto a la práctica se vería como conversar con Dios cada vez que
queramos iniciar algo: ya sea el día, un determinado proyecto, la jornada de
trabajo, o incluso una conversación difícil que nos toque tener.
Si logramos incorporar ese hábito en nuestra vida, el camino y el
rumbo que tomar cada vez estarán más alineados con nuestro verdadero propósito.
Ahora, la pregunta es ¿Cómo puedo conversar con Dios? Entonces haremos una
pausa en este asunto de la oración, y acudiré a la Santa por excelencia en la
Oración: María.
Nuestra Madre del Cielo, María, siendo tan sólo una
niña, poseía ya una gran estrechez con Dios y su oración se describe en el Evangelio
de San Lucas, capítulo 2, como: "María,
por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón". Esto me dice que ella no pretendía entender con
su inteligencia humana las cosas que le sucedían, sino que meditaba, exploraba
en su alma, en comunicación con Dios, y en silencio. Por lo que aquí ya
encuentro un tesoro: buscar a Dios en el silencio de mi alma.
Y cómo me cuesta callarme. Le sumo el hecho de que la
tecnología de nuestra época fácilmente nos contamina de ruido, de información y
de opiniones de todo tipo. Debemos ser prudentes, y buscar el silencio y la
oración contemplativa a diario. Reservar un momento a solas con Dios, y tal vez
solo gozar de su presencia, y dejarnos tocar por su Gracia, así como lo harías
con una persona que amas. Viene a mi mente una madre contemplando a su bebé
pequeñito. También recuerdo instantes de estar observando a un ser querido,
apreciando su existencia en mi vida. Buscar tener ese encuentro silencioso con
Jesús y sólo sentir su paz y su amor, es una de las mejores formas de comenzar
con Dios en mente y en el corazón cada día.
Cierro
con las dos acciones que podemos incorporar hoy a nuestra vida:
*
Conversar con Dios cada vez que queramos iniciar algo.
* Buscar el silencio y la oración contemplativa a diario.
Con cariño,
Teofila Artilugia.

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