Recordatorio amigable: el sufrimiento es
inevitable, es por nuestro bien y tiene un sentido.
Me hago esta nota mental, porque últimamente siento que me
arrastro por el piso, sin ánimo, y hasta la más mínima cosa me cuesta un
montón. Y a diferencia de otros momentos de mi vida, no me siento en sequía
espiritual. Se trata más bien de un cansancio espiritual agudo, que parece que
quiere quedarse a vivir en mi morada.
Una vez alguien me dijo "si estas cansada, no renuncies,
sino aprende a descansar". Y creo que esto tiene vigencia en el mundo
espiritual, con la diferencia que se trata de una dimensión tan profunda del
ser, que tan sólo una noche de buen sueño no es suficiente. Necesito una cura
con la naturaleza de mi mal.
La primera morada de mi interior es la parte emocional, la que
puedo buscar regular de dos formas. La primera es abrazando a mis seres
queridos, especialmente a mi esposo. Cada abrazo es una explosión de hormonas oxitocina
que me relaja y me hace sentir amada, y en calma. La segunda es asegurándome
de no cambiar mis rutinas, a pesar de lo que sienta. Hacer cada cosa, cada
día. Es importante para sentirme encaminada, aunque sienta que no voy a ningún
lado.
Es aquí donde viene al ruedo la morada más profunda, la fe y la
esperanza. La fe en mi Señor, la creencia real en sus promesas y en su bondad
infinita. Yo creo en un Dios de amor, que todo lo puede. Yo creo que El vino a
rescatarme, y para eso sufre cada momento conmigo, me lleva de la mano y me
brinda la fortaleza necesaria para poder cargar la cruz pequeñita que me toca.
Ahora, la pregunta del millón: ¿Por qué tenemos que sufrir? ¡Si
Dios es Bueno y Todopoderoso!
Uff... cuantos dolores de cabeza le dará a Dios esta preguntita.
La verdad es que es muy válida y en cierto modo razonable. Dios sabe que es
parte de nuestra propia conversión y madurez. Y en la medida que vayamos
encontrando nuestra respuesta se define en gran parte nuestra propia
salvación.
Sufrimos por nuestra condición de creaturas imperfectas y
limitadas, pero con libertad, voluntad e inteligencia. Al ser un Dios de Amor,
sólo nos podía crear libres, y al serlo, podíamos elegir el bien o el mal. Resulta
que así el sufrimiento es inevitable, incluso para Dios, ya que nos ama
infinitamente y no se complace en vernos sufrir, porque El es
Misericordia. Por su gran corazón compasivo y amoroso, tuvo la necesidad de venir
a salvarnos del pecado, del mal, la fuente de nuestro sufrimiento.
Al
ser creados para Dios, nuestra alma anhela su amor perfecto, pero nuestra naturaleza
rota por el pecado es contraria al Bien. Es como una contradicción. Esta
fractura nos aparta de Dios por nuestra propia voluntad. Así que Jesús se encarna
y sufre infinitamente para saldar la “deuda infinita” y sólo su purísima sangre
nos bautiza con el Perdón.
Hoy
estamos salvados por Jesús, y lo que nos pide es dar todo el bien y la
misericordia posible, para así mantenernos en su amor, hasta su regreso o nuestra
muerte humana.
Aunque
lo anterior es bastante teológico, también es razonable. Para creer todo lo
anterior, se requiere de la fe (la cual Dios la pone en nuestro interior, y
depende totalmente de nosotros acudir a ella o dejarla morir) y del uso de
nuestra inteligencia humana.
Sólo tiene sentido una vida de sufrimiento por una causa de orden mayor, sino la extinción de la humidad sería una realidad hoy, en un mundo como el que vivimos. ¿Por qué tantas generaciones han luchado y valorado tanto la vida? Lo único que tiene sentido es pensar que fuimos creados para el infinito, aunque no lo entendamos del todo.
Rescato en resumen:
* Sufrimos por nuestra condición de creaturas imperfectas y limitadas. Sólo nos podía crear libres, y al serlo, podíamos elegir el bien o el mal.
* Por su gran corazón compasivo y amoroso, tuvo la necesidad de venir a salvarnos del pecado, del mal, la fuente de nuestro sufrimiento.
* Lo que nos pide es dar todo el bien y la misericordia posible, para así mantenernos en su amor.
Con amor, Teofila Artilugia.

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